Fue una alegría para mí en mi estado de soledad escuchar una voz humana, aunque fuera salvaje. Viernes cocinó nuestra cena. Tortitas de pemmican con té. Se fue en su canoa hacia tierra firme, donde están los nativos. Ella …”
El marinero de primera Titty no pudo pensar en nada más que decir. Se había puesto al día consigo misma. No había nada más que decir hasta que sucediera algo más. Empezó a hojear Robinson Crusoe, no exactamente leyendo, pues ya lo había leído todo muchas veces antes, sino mirando de página en página. Primero dio con el trozo sobre dormir en un árbol por miedo a las bestias feroces.
«Me acerqué al árbol, y subiendo a él, procuré colocarme de tal modo que, si me dormía, no pudiera caerme; y habiéndome cortado un palo corto a modo de bastón para mi defensa, me instalé a pasar la noche, y tras haberme sentido excesivamente fatigado, caí profundamente dormido, y dormí tan plácidamente como, según creo, pocos habrían podido hacerlo en mi situación, sintiéndome más descansado por ello de lo que creo haber estado jamás en semejante ocasión».
Se preguntó si Robinson Crusoe había dormido a menudo en los árboles, y luego si habría en la isla algún árbol que fuera bueno para dormir en él. Pero, después de todo, no había bestias feroces.
Entonces leyó la parte sobre la huella en la arena y recordó varias cosas que le podría haber dicho a Viernes.
Entonces, volviendo las hojas de un lado a otro del libro, dio con un pasaje que le recordó al capitán Flint.