«Ese es el que tenía en el campamento —pensó—. Menos mal que no seguí leyendo». Siguió remando hacia atrás un rato para asegurarse de que estaba a salvo. Sabía que el viento la llevaría de vuelta hacia la isla, así que dio la vuelta a la Amazon, se sentó en la bancada con una pierna a cada lado de la poza, y empezó a remar como Dios manda, manteniendo el viento en su mejilla derecha.
Perdió de vista la otra luz principal. Luego la volvió a ver, y a continuación una linterna parpadeó entre los árboles, las Amazonas volvían al puerto.
Se detuvo con los remos en el agua y se dejó llevar a la deriva, escuchando, pero no pudo oír nada.
Al poco tiempo vio otra luz, mucho más arriba. Aquel era el faro, con la linterna todavía ardiendo en lo alto del árbol, junto al mirador. Sabía que el viento la estaba empujando lago arriba, pasando la isla. Remó con fuerza con el izquierdo y acercó la proa de Amazon hacia el viento. Luego remó con constancia.
Era un trabajo muy duro. No podía seguir remando así toda la noche. Lo mejor que podía hacer era fondear en un lugar tan seguro como fuera posible. Dejó de remar, metió los remos dentro, encendió su linterna y gateó hacia la proa. Sí, había un ancla en la proa y un montón de cabo. Recordó haber oído a John decirle a Susan que nunca soltara el ancla sin asegurarse de que el extremo del cabo estuviera bien atado. Hurgó con la linterna entre los rollos de cabo. Estaba todo bien. El cabo estaba amarrado a un cáncamo. Colocó el ancla donde pudiera alcanzarla fácilmente y volvió a sentarse a los remos, remando con todas sus fuerzas