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nydus/Swallows and AmazonsPublic
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XXVII. La batalla en la Bahía de las Casas Flotantes

Era una bandera verde, y en el medio, ocupándola casi por completo, había un elefante blanco gigantesco. El hombre de la barca, el capitán Flint, la había desenterrado para la ocasión.

—Sé lo que es —dijo John—. Es la bandera de Siam.

—Ya lo he visto antes —dijo el contramaestre Peggy—. Lo trajo de Oriente el año pasado.

—Bueno, pues se viene abajo en dos patadas —dijo la capitana Nancy—. En cuanto subamos a bordo. ¡Abajo el Elefante! ¡Golondrinas y Amazonas por siempre!

—Toque su silbato, señor oficial —dijo el capitán John—. La flota va a atacar ahora.

Susan hizo sonar su silbato.

—Toca fuerte y agudo como el hombre de la balada —dijo Titty.

Susan seguía soplando.

—Déjame inflarlo —dijo Roger, y Susan, sin aliento, se lo dio al muchacho, que siguió insuflándole aire hasta casi reventar.

Los dos barcos, el de velas marrones y el blanco, escoraron cuando sus timoneles pusieron el viento por el través para adentrarse en la bahía. Durante uno o dos minutos el agua espumeó bajo sus proas. Luego, al entrar al resguardo de la punta, el agua se calmó. Roger seguía soplando, en ráfagas, cada vez que le quedaba aliento para soplar. De repente, una cabeza con un enorme sombrero de sol blanco asomó por la escotilla de proa de la casa flotante.

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