«Dile que deje la
Dundy sacó la pistola de Cairo del bolsillo de su abrigo y la puso sobre la mesa. Salió primero, con Cairo pegado a los talones.
Tom se detuvo frente a Spade, murmurando: «Dios quiera que sepas lo que estás haciendo», no obtuvo respuesta, suspiró y siguió a los demás hacia la salida.
Spade fue tras ellos hasta el recodo del pasillo, donde se quedó hasta que Tom cerró la puerta del corredor.