“Sí, Sam. ¿Quién—sabes quién es?”
Él sonrió con ferocidad. —Ajá —dijo—, pero diría que era el capitán Jacobi, patrón del La Paloma.
Cogió el sombrero y se lo puso. Miró pensativo al muerto y luego alrededor de la habitación.
—Date prisa, Sam —suplicó la muchacha.