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nydus/The Maltese FalconPublic
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XIX. La mano del ruso

“Now listen, kid. If you come over here and start cutting up I’m going to kick you in the face. Sit down and shut up and behave and you’ll last

El muchacho miró a Gutman.

Gutman le sonrió benignamente y le dijo:

—Bien, Wilmer, de verdad siento mucho perderte, y quiero que sepas que no te podría tener más afecto si fueras mi propio hijo; pero... ¡voto al cielo!, si pierdes un hijo es posible tener otro... y halcones malteses solo hay uno.

Spade se echó a reír.

Cairo se acercó y le susurró algo al oído al muchacho. El muchacho, sin apartar sus fríos ojos avellana del rostro de Gutman, volvió a sentarse en el sofá. El levantino se sentó a su lado.

El suspiro de Gutman no alteró la benignidad de su sonrisa. Le dijo a Spade: —Cuando eres joven, simplemente no entiendes las cosas.

Cairo tenía de nuevo un brazo alrededor de los hombros del muchacho y le susurraba al oído. Spade le sonrió a Gutman y se dirigió a Brigid O’Shaughnessy:

«Creo que sería estupendo que fueras a ver qué encuentras para que comamos en la cocina, con bastante café. ¿Quieres? No me gusta dejar solos a mis invitados».

—Desde luego —dijo y comenzó a caminar hacia la puerta.

Gutman dejó de mecerse. —Un momento, querida mía.

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