«A mí tampoco me gusta», le dijo al levantino, «pero ya no podemos remediarlo. De verdad que
Spade asked:
“¿Qué estás haciendo, Cairo? ¿Entras o sales?”
Cairo se mojó los labios y se volvió lentamente hacia Spade.
—Supongamos —dijo, y tragó saliva—. ¿Tengo...? ¿Puedo elegir?
—Puede —le aseguró Spade con seriedad—, pero debe saber que si la respuesta es «fuera» se lo entregaremos a la policía junto con su novio.
—Oh, vamos, Mr. Spade —protestó Gutman—, eso no es—
—Ni hablar de dejarlo que se nos largue —dijo Spade—. O entra por su propio pie o lo metemos nosotros. No podemos dejar tantos cabos