sure nobody else was up there. You were his client, so he would have had no reason for not dropping the shadow on your say-so, and if you caught up with him and asked him to go up there he’d’ve gone. He was just dumb enough for that. He’d’ve looked you up and down and licked his lips and gone grinning from ear to ear—and then you could’ve stood as close to him as you liked in the dark and put a hole through him with the gun you had got from Thursby that evening.”
Brigid O’Shaughnessy se apartó de él retrocediendo hasta que el borde de la mesa la detuvo. Lo miró con ojos aterrorizados y exclamó: «¡No, no me hables así, Sam! ¡Tú sabes que no lo hice! ¡Tú sabes...».
“Basta ya”. Miró el reloj en su muñeca. “La policía va a irrumpir en cualquier minuto y estamos sentados sobre dinamita. ¡Habla!”.
Se llevó el dorso de una mano a la frente.
«¡Ay, por qué meacusatandeterrible—!»
—¿Quieres parar? —exigió con voz baja e impaciente.
—Este no es el lugar para jueguitos de colegiala. Escúchame. Los dos estamos sentados bajo la horca.
Le sujetó las muñecas y la hizo ponerse bien derecha frente a él.
—¡Habla!
“Yo—yo—¿Cómo supiste que él—se mojó los labios y miró—?”
Spade soltó una risa áspera.
«Conocía a Miles. Pero no importa. ¿Por qué le disparaste?».
Ella giró las muñecas para librarse de los dedos de Spade y le rodeó la nuca con las manos, tirando de su cabeza hacia abajo hasta que su boca