a hacer el tonto por ti.
“Eso no es justo”, exclamó.
Se le llenaron los ojos de lágrimas.
“Es injusto. Es despreciable de tu parte. Sabes que no fue eso. No puedes decir eso”.
—Una mierda no voy a poder —dijo Spade.
«Entraste en mi cama para evitar que hiciera preguntas. Ayer me llevaste con Gutman con esa llamada de socorro falsa. Anoche viniste aquí con ellos, esperaste afuera y entraste conmigo. Estabas en mis brazos cuando saltó la trampa; no habría podido alcanzar un arma aunque la hubiera llevado encima ni habría podido presentar batalla aunque hubiera querido. Y si no se la llevaron con ellos fue solo porque Gutman es demasiado sensato para fiarse de ti salvo por ratos cortos cuando le hace falta y porque pensaba que yo haría el tonto por ti y —como no quería hacerte daño— no podría hacérselo a él».