en las cuales los Reyes anunciaban al pueblo lo que ya habían decidido de antemano.
Ahora bien, puesto que aquello que es objeto de la Elección Moral es algo que está en nuestro propio poder, que es objeto de deliberación y del apetito de la Voluntad, la Elección Moral debe ser «un apetito de algo que está en nuestro propio poder consecuente a la Deliberación»: porque después de haber deliberado decidimos, y entonces apetecemos con nuestra Voluntad de acuerdo con el resultado de nuestra deliberación.81
Que esto sea aceptado como un boceto de la naturaleza y el objeto de la Elección Moral, siendo dicho objeto «Medios para los Fines».
# Capítulo VI.
Ya se ha dicho que el objeto del Deseo es el Fin; pero existen dos opiniones al respecto: algunos piensan que su objeto es el bien real, y otros, todo aquello que impresiona a la mente con la noción de bien.
Ahora bien, quienes sostienen que el objeto del deseo es el bien real se ven acosados por esta dificultad: que aquello que es deseado por quien elige erróneamente no es en verdad un objeto del deseo (porque, según su teoría, si fuera un objeto del deseo, tendría que ser bueno, pero en el caso supuesto es malo).
Quienes sostienen, por el contrario, que aquello que impresiona a la mente con la noción de bien es propiamente el objeto del deseo, han de enfrentarse a esta dificultad: que no hay nada que sea naturalmente un objeto del deseo, sino que para cada individuo lo es aquello que le parece bueno; ahora bien, personas diferentes tienen nociones diferentes, y puede darse el caso de que sean contrarias.
Pero si estas opiniones no nos satisfacen, ¿no podremos decir que, en abstracto y como cuestión de verdad objetiva, lo verdaderamente bueno