Lo que el saber sea, resulta evidente por las siguientes consideraciones, si se ha de hablar con precisión, en lugar de dejarse llevar por las semejanzas. Pues todos concebimos que aquello que en sentido estricto sabemos, no puede ser de otra manera de como es, puesto que en cuanto a aquellas cosas que pueden ser de otra manera de como son, nos resulta incierto si son o no son, en el momento en que dejan de estar dentro de la esfera de nuestra observación real.
Por tanto, todo lo que entra dentro del ámbito del Conocimiento es por necesidad, y por consiguiente eterno (porque todas las cosas lo son en la medida en que existen necesariamente), y todas las cosas eternas no tienen principio y son indestructibles.
Nuevamente, se considera que todo Conocimiento es susceptible de ser enseñado, y aquello que cae dentro de su ámbito, susceptible de ser aprendido. Y toda enseñanza se basa en conocimientos previos (una afirmación que encontrarán también en los Analíticos),134 pues hay dos maneras de enseñar: por Silogismo y por Inducción. De hecho, la Inducción es la fuente de las proposiciones universales, y el Silogismo razona a partir de estos universales.135 El Silogismo, por tanto, puede razonar a partir de principios que no pueden ser demostrados en sí mismos silogísticamente; y por consiguiente debe hacerlo mediante la Inducción.
De modo que el Conocimiento es «un estado o facultad mental apto para demostrar silogísticamente», etc., como en los Analíticos136, porque un hombre, estricta y propiamente hablando, conoce cuando establece su conclusión de cierta manera, y los principios le son conocidos: pues si no le son mejor conocidos que la conclusión, el conocimiento que tenga será meramente accidental.
Sirva esto como definición del Conocimiento.