inseparable de la vida, como atestiguan los fisiólogos, al decirnos que los actos de ver o oír son dolorosos, solo que estamos acostumbrados al dolor y no nos damos cuenta.
Del mismo modo, en la juventud el crecimiento constante produce un estado muy parecido al de la embriaguez por vino, y la juventud es agradable. Por otra parte, los hombres de temperamento melancólico necesitan constantemente algún proceso curativo (porque el cuerpo, debido a su temperamento, sufre un tormento constante), y se hallan en un estado crónico de deseo violento.
Pero el Placer expulsa al Dolor; no solo el Placer que es directamente contrario al Dolor, sino incluso cualquier Placer con tal de que sea intenso: y así es como los hombres llegan a carecer por completo de Dominio de Sí Mismo, es decir, a ser viles y malos.
Pero aquellos Placeres que no están conectados con Dolores no admiten exceso: es decir, los que pertenecen a objetos que son naturalmente agradables y no meramente como resultado; por esta segunda clase entiendo los que son curativos, y la razón por la que se cree que estos son agradables es que la cura resulta de la acción, de algún modo, de aquella parte de la constitución que permanece sana. Por «agradables por naturaleza» entiendo aquellos que ponen en acción una naturaleza que es agradable.
La razón por la cual nada es invariable y perpetuamente placentero es que nuestra naturaleza no es simple, sino compleja, e implica algo distinto de sí misma (en la medida en que somos seres corruptibles). Supongamos entonces que una parte de esta naturaleza está haciendo algo; este algo le resulta antinatural a la otra parte; mas si hay un equilibrio entre ambas naturaleces, entonces lo que se esté haciendo resultará indiferente.