Además, que este aspirar al Fin no es cuestión de la propia elección, sino que uno debe nacer con una facultad de visión mental, por decirlo así, mediante la cual juzgar rectamente y elegir lo que es verdaderamente bueno; y que es afortunado por naturaleza quien la posee naturalmente bien: porque es lo más importante y lo más hermoso, y algo que un hombre no puede obtener ni aprender de otro, sino que lo tendrá tal como la naturaleza se lo haya dado; y que esto sea dado así, de manera buena y hermosa, constituiría la excelencia de la naturaleza en el sentido más alto y verdadero».
Si todo esto es verdad, ¿cómo va a ser la Virtud ni un ápice más voluntaria que el Vicio? Tanto para el hombre bueno como para el malo, el Fin causa su impresión y está fijado por la naturaleza o comoquiera que prefieras decirlo, y actúan de un modo u otro, remitiendo todo lo demás a este Fin.
Ya sea pues que supongamos que el Fin imprime en la mente de cada hombre ciertas nociones no meramente por naturaleza, sino que hay algo también dependiente de él mismo; o que el Fin es dado por naturaleza, y sin embargo la Virtud es voluntaria porque el hombre bueno hace todo lo demás voluntariamente, el Vicio debe serlo igualmente; porque su propia actuación se aplica igualmente al hombre malo en las acciones, aun cuando no sea en la elección del Fin.
Si entonces, como suele decirse, las Virtudes son voluntariosas (porque al menos cooperamos84 en la producción de nuestros estados morales, y suponemos que el Fin es de cierta clase según seamos nosotros mismos de ciertos caracteres), los Vicios deben ser voluntarios también, porque los casos son exactamente iguales.
# Capítulo VIII.
Bien pues, hemos expuesto en general respecto a las Virtudes Morales, el género (a grandes rasgos), que son estados medios, y que son hábitos, y