Pero el hombre de bien es para su amigo como para sí mismo, pues el amigo es otro Yo; por tanto, así como la propia existencia es digna de elección para cada cual, también lo es la de su amigo, o al menos de manera similar.
Pero el fundamento por el cual la propia existencia es digna de elección es la percepción de que uno mismo es bueno, y tal percepción es en sí misma placentera. Por tanto, uno debe ser plenamente consciente de la existencia de su amigo, lo cual se conseguirá conviviendo con él, es decir, compartiendo sus palabras y sus pensamientos; pues este es el significado del término aplicado a la especie humana, y no el mero pastar juntos como en el caso de las bestias.
Si entonces para el hombre en un estado elevado de felicidad la existencia es en sí misma digna de ser elegida, al ser por naturaleza buena y agradable, y lo es asimismo la existencia de un amigo, entonces el amigo también debe estar entre las cosas dignas de ser elegidas. Pero todo lo que es digno de ser elegida para