Podemos afirmar, creo, que esto por sí mismo no producirá ningún cambio; un hombre puede, por ejemplo, haberse relacionado con la mujer de otro, sabiendo bien con quién estaba pecando, pero puede haberlo hecho no por deliberada elección sino por el impulso de la pasión: por supuesto que actúa injustamente, pero no necesariamente ha formado un carácter injusto; es decir, puede haber robado y no ser un ladrón; o haber cometido un acto de adulterio y no ser un adúltero, y así sucesivamente en otros casos que podrían enumerarse.]114
De la relación que la reciprocidad guarda con lo justo ya hemos hablado; y aquí debe señalarse que lo justo que estamos investigando es tanto lo justo en abstracto como el manifestado en las relaciones sociales, el cual surge en el caso de aquellos que viven en comunión con miras a la autosuficiencia y que son libres e iguales, ya sea de manera proporcional o numérica.115
De ello se sigue que aquellos que no se encuentran en esta posición no tienen entre sí lo Justo Social, sino un Justo de algún tipo y semejante a aquel.
Pues lo Justo implica ley mutuamente reconocida, y la ley la posibilidad de injusticia, ya que la adjudicación es el acto de distinguir entre lo Justo y lo Injusto.
Y entre todos aquellos en quienes existe la posibilidad de injusticia, entre ellos existe también la de obrar injustamente; pero no se cumple recíprocamente que la injusticia se atribuya a todos aquellos en quienes existe la posibilidad de obrar injustamente, ya que por lo primero entendemos el otorgarse a uno mismo la mayor parte de lo que es abstractamente bueno y la menor de lo que es abstractamente malo.
Este, a propósito, es el motivo por el cual no permitimos que gobierne un hombre, sino el Principio, porque un hombre gobierna para sí mismo y llega a ser un déspota; pero la función de un gobernante es ser guardián de lo Justo y, por consiguiente, de lo Igual.