Ahora bien, hay un estado que guarda con la Grandeza de Alma la misma relación que dijimos hace poco que la Liberalidad guarda con la Magnificencia, con la diferencia de que se refiere a una pequeña cantidad de esa misma cosa; este estado tiene como referencia el honor pequeño, así como la Grandeza de Alma el honor grande. Por supuesto, uno puede ambicionar el honor más de lo debido o menos; ahora bien, el que excede en su pretensión de él es llamado ambicioso, el que se queda corto, desambicioso, y el que está como debe ser no tiene nombre propio. De hecho, tampoco los estados lo tienen, excepto que la disposición del hombre ambicioso se llama ambición.
Por esta razón, los que se encuentran en uno u otro extremo reclaman el término medio como un territorio disputable, y llamamos al carácter virtuoso a veces con el nombre de ambicioso,63 a veces con el de desambicioso, y unas veces alabamos al uno y otras al otro.
Por qué hacemos esto se dirá en la parte subsiguiente del tratado; pero ahora seguiremos con el resto de las virtudes según el plan que nos hemos trazado.
VII. Respecto de la ira:
También en esto hay exceso, defecto y un término medio; pero como puede decirse que no tienen nombres propios propiamente dichos —pues llamamos al carácter virtuoso apacible—, denominaremos al término medio apacibilidad, y de los extremos, al que se excede se le llamará colérico, y al estado defectuoso, colera, mientras que al que se queda corto, sin ira, y al defecto, falta de ira.
Hay también otros tres estados intermedios, que guardan cierta semejanza entre sí, pero que presentan diferencias; se asemejan en que todos tienen por objeto las relaciones en palabras y acciones, y se diferencian en que uno de ellos se refiere a la verdad en estas cuestiones, y