Es evidente que si hubiera alguien cuya naturaleza fuera simple y no compleja, para un ser así la misma línea de acción le resultaría siempre la más placentera.
Por esta razón es por la que la Divinidad experimenta un Placer que es siempre uno, es decir, simple: no actúa meramente el movimiento sino también la inmovilidad, y el Placer reside más en la ausencia que en la presencia del movimiento.
La razón por la cual el dictum del Poeta «el cambio es de todas las cosas la más placentera» es verdadera, es «una bajeza en nuestra sangre»; pues así como el hombre malo es fácilmente mudable, mala debe ser también la naturaleza que anhela el cambio, es decir, no es ni simple ni buena.
Ya hemos dicho lo nuestro acerca de la Continencia y su opuesto, y acerca del Placer y el Dolor. Qué es cada uno, y cómo el primer grupo es bueno y el segundo malo. Todavía nos queda por hablar de la Amistad.