La atención de Aristóteles se dirige aquí principalmente hacia los fenómenos de la «incontinencia», la debilidad de la voluntad o el autocontrol imperfecto. Esta condición era para los griegos un asunto de experiencia por desgracia demasiado frecuente, pero les parecía sumamente difícil de comprender.
¿Cómo puede un hombre saber lo que es bueno o mejor para él, y sin embargo fallar crónicamente en actuar conforme a su conocimiento?
Sócrates se vio llevado a la paradoja de negar esta posibilidad, pero los hechos son demasiado contundentes para él. El conocimiento de la regla correcta puede estar presente, es más, la justeza de su autoridad puede ser reconocida, y sin embargo, una y otra vez puede ser desobedecida; la voluntad puede ser buena y, no obstante, verse dominada por la fuerza del deseo, de modo que el acto realizado sea contrario a la voluntad del agente.
Sin embargo, el acto puede ser del agente, y la voluntad estar por lo tanto dividida contra sí misma.
Aristotle is aware of the seriousness and difficulty of the problem, but in spite of the vividness with which he pictures, and the acuteness with which he analyses, the situation in which such action occurs, it cannot be said that he solves the problem.
It is true that he rises above the abstract view of it as a conflict between reason and passion, recognising that passion is involved in the knowledge which in conduct prevails or is overborne, and that the force which leads to the wrong act is not blind or ignorant passion, but always has some reason in it.
But he tends to lapse back into the abstraction, and his final account is perplexed and obscure.