Pero el despotismo se halla en un pie opuesto a esta realeza, porque el déspota persigue su propio bien: y en el caso de este su inferioridad es de todo punto evidente, y lo que es peor, resulta contrario a lo mejor. La transición al despotismo se realiza desde la realeza, siendo el despotismo una forma corrupta de monarquía; es decir, el mal rey llega a ser un déspota.
De la Aristocracia a la Oligarquía la transición se realiza por culpa de los gobernantes al distribuir la propiedad pública contrariamente a la proporción correcta; y al dar todo lo bueno, o la mayor parte, a sí mismos; y los cargos a las mismas personas siempre, haciendo de la riqueza su ídolo; de este modo unos pocos mandan y ellos hombres malos en lugar de los mejores.
De la timocracia se pasa a la democracia, por ser contiguas; pues es propia de la timocracia la condición de estar en manos de una multitud, y todos los que se hallan en el mismo nivel de propiedad son iguales. La democracia es la menos viciosa de todas, puesto que en ella la forma de la constitución sufre el menor cambio.
Pues bien, estos son por lo general los cambios a los que están expuestas las diversas Constituciones, siendo los de menor grado y los más fáciles de realizar.
Parecidos, y, por decirlo así, modelos de ellos, pueden encontrarse incluso en la vida doméstica: por ejemplo, la comunión entre un padre y sus hijos presenta la figura de la realeza, porque los hijos son objeto del cuidado del padre; y de ahí que Homero llame a Júpiter padre, porque la realeza pretende ser un gobierno paternal. Entre los persas, sin embargo, el gobierno del padre es despótico, pues tratan a sus hijos como esclavos. (La relación del amo con los esclavos es de naturaleza despótica, porque lo que aquí se tiene en cuenta es el interés del amo): esto me parece ahora que es como debe ser, pero la