las desgracias que le sobrevienen a uno mismo, algunas tienen cierto peso y hacen inclinar la balanza de la vida, mientras que otras son, por decirlo así, más ligeras; así ocurre también con aquellas que acaecen por igual a todos nuestros amigos; si además, el que aquellos a quienes alcanza cada sufrimiento estén vivos o muertos importa mucho más que en una tragedia el presuponer o perpetrar efectivamente los diversos crímenes y horrores, debemos tomar en cuenta esta diferencia también, y aún más tal vez la duda acerca de los muertos sobre si realmente participan de algún bien o mal; parece deducirse de todas estas consideraciones que, si algo llega a cruzar el velo y los alcanza, ya sea bueno o malo, debe de ser algo trivial y pequeño, ya sea en sí mismo o para ellos; o al menos de tal magnitud o de tal índole que ni haga felices a los que de otro modo no lo son, ni prive de su bienaventuranza a los que ya lo son.
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Capítulo I
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