seguridad que un hombre es feliz, por estar desde ese momento fuera del alcance de los males y las desgracias, esto también admite cierta discusión, ya que se piensa que el muerto tiene algo tanto de bueno como de malo (si, como debemos conceder, un hombre puede tenerlo estando vivo pero sin ser consciente de las circunstancias), como el honor y el deshonor, y la buena y mala fortuna de los hijos y de los descendientes en general.
Tampoco carece esta opinión a su vez de dificultades: pues, después de que un hombre ha vivido en bienaventuranza hasta la vejez y ha muerto en consecuencia, muchos cambios pueden sobrevenirle por causa de sus descendientes; algunos de ellos pueden ser buenos y obtener posiciones en la vida acordes con sus méritos, mientras que otros exactamente lo contrario: es evidente también que los descendientes pueden, en distintos intervalos o grados, encontrarse en toda clase de relaciones con los antepasados.31 > Absurda sería en verdad la postura de que incluso el muerto haya de cambiar junto con ellos y volverse dichoso en un