y casi mezquino. Por tanto, es propio del hombre Magnífico hacer magníficamente todo lo que emprende: pues lo que es de esta clase no puede ser fácilmente superado, y guarda una proporción adecuada con el gasto.
Tal es, pues, el hombre Magnífico.
El hombre que se halla en el estado de exceso, llamado de Profusión Vulgar, está en exceso porque gasta de manera inadecuada, como se ha dicho. Me refiero a que en los casos que requieren un gasto pequeño derrocha mucho y presume con mal gusto; ofrece a su club un banquete digno de una boda, o si tiene que costear un coro para una comedia, hace que los actores vistan de púrpura en la primera escena, como hicieron los megarenses. Y todas estas cosas las hará, no con miras a lo que es verdaderamente honorable, sino para exhibir su riqueza y porque piensa que será admirado por ellas; y gastará poco donde debe gastar mucho, y mucho donde debe gastar poco.
El hombre mezquino mostrará deficiencia en todo caso, y aun allí donde más haya gastado echará a perder todo el efecto por falta de alguna minucia; es moroso en todo lo que hace, y se ingenia para gastar lo menos posible, y hace aun esto con lamentaciones acerca del gasto, pensando que hace todas las cosas en una escala mayor de la que debiera.
Por supuesto, ambos estados son defectuosos, pero no implican deshonra porque no son perjudiciales para los demás ni muy indecorosos.
# Capítulo IV.
El nombre mismo de la Grandeza de ánimo implica que las cosas grandes son su objeto; y determinaremos primero de qué clase de cosas se trata. No importa, por supuesto, si consideramos este estado moral en abstracto o ejemplificado en un individuo.