# Capítulo V.
Ahora que hemos hablado de las Excelencias de ambos tipos, y de la Amistad en sus variedades, y de los Placeres, resta esbozar la Felicidad, puesto que consideramos que ese es el Fin último de todas las cosas humanas; y ahorraremos tiempo y trabajo si recapitulamos lo que dijimos antes.
Bien pues, decíamos que no es un simple estado; porque, de serlo, podría pertenecer a quien durmiese toda su vida y se limitase a vegetar, o a quien cayera en grandísimas calamidades: y así, si estas posibilidades nos desagradan y preferimos situarla en el rango de algún tipo de Actividad (como también se dijo antes), y las Actividades son de diferentes clases (siendo unas necesarias y dignas de elección en orden a otras cosas, mientras que otras lo son por sí mismas), es evidente que debemos situar la Felicidad entre las dignas de elección por sí mismas y no entre aquellas que lo son en orden a algo ulterior: porque a la Felicidad no le falta de nada, sino que se basta a sí misma.
Por dignas de elegirse por sí mismas se entienden aquellas de las que no se busca nada más allá del acto de Actuar: y de esta clase se cree que son las acciones de acuerdo con la Virtud, porque hacer lo que es noble y excelente es una de esas cosas que son dignas de elegirse solo por su propia causa.
Y de nuevo, entretenimientos como los placenteros, porque la gente no los elige con ningún propósito ulterior: de hecho, reciben de ellos más daño que provecho, al descuidar sus personas y sus bienes.
Aun así, la generalidad de quienes son considerados felices se refugian en tales pasatiempos, lo cual es la razón por la que aquellos que poseen talento variado en ellos son muy estimados entre los déspotas; porque se hacen agradables en aquellas cosas a las que estos aspiran, y en consecuencia estos últimos necesitan a tales hombres.