# Capítulo I.
A continuación, al parecer, sigue una discusión acerca del Placer, pues se cree que está de la forma más íntima ligado a nuestro género: y por ello se educa a los jóvenes, guiándolos en su rumbo con los timones del Placer y el Dolor.
Y se juzga que el agradar y desagradar de lo que se debe es de la mayor importancia para la formación de un buen carácter moral: debido a que estos sentimientos se extienden a lo largo de toda la vida, inclinando y ejerciendo influencia del lado de la Virtud y la Felicidad, ya que los hombres eligen lo que es placentero y evitan lo que es doloroso.
Cuestiones como estas, por tanto, según parece, no debemos en ningún modo pasar por alto, y especialmente dado que entrañan gran diversidad de opiniones. Hay quienes llaman al Placer el Bien Supremo; hay otros que, por el contrario, sostienen que es sumamente malo;213
algunos tal vez por un real convencimiento de que así es, otros con la idea de que es mejor, en lo referente a nuestra vida y conducta, presentar al Placer como algo malo, aun cuando no lo sea en realidad; argumentando que, como la masa de los hombres tiene una inclinación hacia él y es esclava de sus placeres, es correcto arrastrarla hacia lo opuesto, pues de este modo tal vez puedan llegar al término medio.214
Confieso que sospecho de la sensatez de esta política; en los asuntos relativos a los sentimientos y las acciones de los hombres, las teorías resultan menos convincentes que los hechos: siempre que, por tanto, se comprueba que entran en conflicto con la experiencia real, no solo se las desprestigia, sino que arrastran consigo a la verdad en su caída; aquel, por ejemplo, que reniega del Placer, si alguna vez se le ve aspirar a él, se gana la fama de recaer en él por ser universalmente tal como decía que era, al ser la masa de los hombres incapaz de matices sutiles.