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nydus/The Nicomachean Ethics of AristotlePublic
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Libro VIII

Parece entonces que cada individuo la siente hacia aquello que es bueno para sí mismo, y que en abstracto es el bien real el objeto de la Amistad, y para cada individuo lo que es bueno para cada cual. Viene a resultar, pues, que cada individuo siente Amistad no por lo que es, sino por lo que transmite a su mente la impresión de ser bueno para él mismo. Pero esto no hará ninguna diferencia real, porque aquello que es verdaderamente el objeto de la Amistad transmitirá también esta impresión a la mente.

Hay, pues, tres causas por las que los hombres sienten amistad; pero el término no se aplica al caso del cariño hacia las cosas inanimadas, porque no hay correspondencia en el afecto ni deseo del bien de esos objetos: ciertamente raya en lo ridículo decir que un hombre al que le gusta el vino le desea el bien; el único sentido en el que esto es verdad es que desea que se conserve sano y salvo para su propio uso y beneficio.204

Pero al amigo, se suele decir, hay que desearle todo bien por causa de él mismo. Y cuando los hombres desean así el bien a otro (sin que este corresponda al sentimiento), la gente los llama bienintencionados, porque definen la amistad como «benevolencia entre personas que se la corresponden». ¿Pero no deben añadir que el sentimiento debe ser mutuamente conocido? Pues muchos hombres están bien dispuestos hacia aquellos a quienes nunca han visto, pero a quienes consideran amables o útiles; y esta noción viene a ser lo mismo que un sentimiento real entre ellos.

Bien, estos claramente se muestran bien dispuestos el uno hacia el otro: pero ¿cómo se les puede llamar amigos mientras sus sentimientos mutuos son desconocidos el uno para el otro? Para completar la idea de amistad, por tanto, se requiere que tengan sentimientos benevolentes el uno hacia el otro, y se deseen el bien mutuamente por una de las causas mencionadas, y que estos sentimientos benevolentes sean conocidos de manera recíproca.

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