Pero bajo un gobierno presidencial no podéis hacer nada por el estilo. El Gobierno americano se proclama a sí mismo un gobierno del pueblo supremo; pero ante una crisis repentina, el momento en el que más se necesita un poder soberano, no podéis encontrar al pueblo supremo. Tenéis un Congreso elegido por un periodo fijo, que tal vez cesa de manera escalonada y fija, lo cual no puede acelerarse ni retrasarse; tenéis un Presidente elegido por un periodo fijo e inamovible durante dicho periodo: todas las disposiciones están previstas para plazos determinados. No hay ningún elemento elástico, todo es rígido, especificado, fechado. Pase lo que pase, no podéis acelerar nada ni retrasar nada. Habéis encargado vuestro Gobierno por adelantado y, os convenga o no, funcione bien o funcione mal, sea lo que queréis o no, por ley debéis conservarlo. En un país de relaciones exteriores complejas, sucedería por lo general que el primer y más crítico año de cualquier guerra sería dirigido por un primer ministro partidario de la paz, y los primeros y más críticos años de paz, por un primer ministro partidario
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I. El Gabinete
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