desinteresado y sereno. Tienen también tiempo libre para formarlo. No tienen ocupaciones que los distraigan que merezcan tal nombre. * Los deportes de campo no son más que pasatiempos, aunque algunos lores pongan en ellos la seriedad de un inglés. * Pocos ingleses pueden sepultarse en la ciencia o la literatura; y la aristocracia posee tal vez menos de ese ímpetu que las clases medias. * La sociedad es demasiado correcta y aburrida como para constituir una ocupación, como lo ha sido en otros tiempos y eras. * La aristocracia vive con el temor de las clases medias —del tendero y del comerciante—. * No se atreven a tramar una sociedad de disfrute como la que una vez formó la aristocracia francesa. La política es la única ocupación que un par tiene digna de tal nombre. Puede dedicarse a ella sin distracciones. La Cámara de los Lores, además de independencia para revisar con criterio judicial y posición para revisar con eficacia, tiene
Estos son grandes méritos: y, considerando lo difícil que es conseguir una buena segunda cámara, y cuánta necesidad tenemos de una segunda con nuestra primera cámara actual, bien podemos estar agradecidos por ellos.
Pero no debemos permitir que nos cieguen. Esos méritos de los Lores tienen defectos muy cercanos a ellos que contribuyen en gran medida a hacerlos inútiles. Con su riqueza, su posición y su tiempo libre, la Cámara de los Lores, a primera vista, nos gobernaría mucho más de lo que lo hace si no tuviera defectos secretos que la obstaculizan y debilitan.
El primero de estos defectos apenas puede llamarse secreto, aunque, por otra parte, tampoco es muy conocido. Un crítico severo, aunque no