Sus supuestos controles y contrapesos
En un ensayo anterior dediqué una extensa discusión a la comparación de la forma regia y no regia de gobierno parlamentario. Demostré que, en el momento de la formación de un Gabinete y durante la continuidad de este, un monarca verdaderamente sagaz podía ser de gran utilidad. Establecí que era un error imaginar que en tales momentos un monarca constitucional carece de papel y de deberes. Pero probé asimismo que el temple, la disposición y las facultades necesarios entonces para hacer que un monarca constitucional resulte útil son muy escasos, al menos tan escasos como las facultades de un gran monarca absoluto, y que una persona común en ese puesto tiende a causar al menos tanto daño como bien —tal vez más daño—.
Pero en aquel ensayo no pude discutir a fondo las funciones de un rey al término de una administración, pues entonces entran en juego las partes más singulares del gobierno inglés —la facultad de disolver la Cámara de los Comunes y la facultad de crear nuevos pares— y, hasta tanto no se hubiera explicado la naturaleza de la Cámara de los Lores y la naturaleza de la Cámara de los Comunes, no disponía de las premisas necesarias para argumentar sobre la acción característica del rey sobre ellas. Desde entonces hemos considerado las funciones de ambas cámaras, así como los efectos de los cambios de Gabinete en nuestro sistema administrativo; nos encontramos ahora, por tanto, en condiciones de discutir las funciones de un rey al final de una administración.
Puedo parecer demasiado formal en este asunto, pero soy muy formal a propósito.