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nydus/The English ConstitutionPublic
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VI. Sus supuestos frenos y contrapesos

se ha determinado que este poder de emitir greenbacks pertenece al Presidente como comandante en jefe del ejército; es parte de lo que se denominaba el «poder de guerra». A decir verdad, se necesitaba dinero en la última guerra, y la administración lo obtuvo de la manera más rápida; y la nación, contenta de no ser más gravada con impuestos, lo aprobó por completo. Pero el hecho es que el Presidente posee ahora, por precedentes y fallos, un poder formidable para continuar una guerra sin el consentimiento del Congreso, y tal vez en contra de su deseo. Frente a la voluntad unida del pueblo estadounidense, un Presidente sería por supuesto impotente; tal es el genio del lugar y de la nación que jamás se le ocurriría intentarlo. Pero cuando la nación estaba (como hace poco) dividida en dos partidos, uno aferrado al Presidente, el otro al Congreso, el ahora indiscutible poder del Presidente para emitir papel moneda puede otorgarle la facultad de continuar la guerra aunque el Parlamento (como diríamos nosotros) ordene que la guerra cese.

Y por último, toda la región de las cuestiones más elevadas se sustrae a las autoridades ordinarias del Estado y se reserva para autoridades especiales. La «Constitución» no puede ser alterada por ninguna autoridad dentro de la Constitución, sino únicamente por autoridades ajenas a ella. Toda modificación de la misma, por urgente o insignificante que sea, debe ser aprobada por una compleja proporción de Estados o legislaturas. La consecuencia es que los males más evidentes no pueden remediarse con rapidez; que deben urdirse las ficciones más absurdas para eludir el sentido claro de las cláusulas perniciosas; que un funcionamiento torpe y una curiosa tecnicidad marcan la política de un pueblo pragmático. Los argumentos prácticos y las disquisiciones jurídicas en América son a menudo como los de unos fideicomisarios que ejecutan un testamento mal redactado: el sentido de lo que pretenden es bueno, pero nunca puede desarrollarse por completo ni defenderse con sencillez, tan obstaculizado como está por las viejas palabras de un viejo testamento.

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