derramamiento de sangre y la guerra civil, acumular para sí una reserva de fama y gratitud, y conjurar el odio intestinado y acumulado de cada partido hacia su rival. Pero la pregunta vuelve a plantearse: ¿Habrá un monarca así precisamente en ese momento? ¿Qué probabilidad hay de contar con él justo entonces? ¿De qué servirá el monarca que los accidentes de la herencia, tal como sabemos que son, deben aportarnos por término medio precisamente en ese momento?
La respuesta a estas preguntas no es satisfactoria si la juzgamos por la escasa experiencia que hemos tenido en este extraño asunto. Apenas ha habido dos casos en la historia de Inglaterra que se parezcan siquiera a una creación catastrófica de pares —es decir, a una creación que alterara repentinamente la mayoría de la Cámara de los Lores—. * Uno ocurrió en la época de la reina Ana. La mayoría de los pares en tiempos de la reina Ana eran güigs, y mediante creaciones profusas y rápidas el ministerio de Harley los transformó en una mayoría tory. Tan grande fue el impacto popular que, en el reinado siguiente, una de las propuestas ministeriales más disputadas fue la de despojar a la Corona de la facultad de crear un número indefinido de pares y fijar el número de lores, tal como está fijado el de los comunes. Sin embargo, la soberana tuvo poco que ver en el asunto. La reina Ana fue una de las personas más insignificantes jamás puestas en un gran cargo. Swift dijo con amargura y justicia que «no tenía guardada en su interior suficiente amistad para más de un amigo a la vez», y justo entonces su afecto se concentraba en una doncella de compañía. Su doncella le dijo que creara pares, y los creó. Pero de pensamiento amplio y de estadismo integral carecía tanto como la señora Masham. Sostuvo a un mal ministerio mediante la más extrema de las medidas, y lo hizo por