No considero como una anomalía la existencia de nuestro doble gobierno, con todos sus infinitos accidentes, aunque la mitad de las peculiaridades superficiales de las que a menudo se se queja provengan de ello.
La coexistencia de la aparente prerrogativa de una Reina y el gobierno real de Downing Street es perfecta para un país como este, en una época como la nuestra.