No concedo ninguna importancia a la supuesta inviabilidad del proyecto del Sr. Hare por el hecho de ser nuevo. Por supuesto, no podrá ponerse en práctica hasta que sea viejo. Un gran cambio de esta clase, por fortuna, no puede ser repentino; un pueblo libre no puede verse confundido por nuevas instituciones que no comprende, pues no las adoptará hasta que las comprenda. Pero si el plan del Sr. Hare lograra lo que sus defensores afirman, o la mitad de lo que afirman, valdría la pena trabajar por él, aunque no se adoptara hasta el año 1966. Debemos popularizar incesantemente el principio mediante la escritura; y, lo que es mejor que la escritura, pequeños ensayos experimentales preliminares. Hay tanto que resulta fatigoso y detestable en el resto de los mecanismos electorales, que comprendo perfectamente —y ojalá pudiera compartir— la sensación de alivio con la que los creyentes en este esquema se despojan de todas sus trabas y miran hacia un futuro casi ideal en el que este cautivador plan se lleve a cabo.
El plan del señor Hare no puede discutirse de manera satisfactoria en la compleja forma en que lo presenta.
Ninguna persona corriente comprende con facilidad todos los detalles en los que, con cariñoso esmero, lo ha materializado. Estaba tan ansioso por demostrar lo que se podía hacer, que ha confundido a la mayoría de la gente sobre lo que es.
He oído decir a un hombre: «Jamás podía recordarlo dos días seguidos». Pero la dificultad que yo siento es fundamental, y totalmente independiente de los detalles.
Hay dos modos en que pueden formarse las circunscripciones electorales.