eso. La libertad existía de antes, y el derecho a ser gravado era una eflorescencia y un ejemplo de ella, no un sustrato ni una causa. La necesidad de consultar al gran consejo del reino antes de la imposición de tributos, el principio de que la declaración de agravios por parte del Parlamento debía preceder a la concesión de subsidios al soberano, no son sino instancias conspicuas de la doctrina primitiva del período anterior a los Tudor, de que el rey debía consultar al gran consejo del reino antes de hacer nada, puesto que siempre necesitaba ayuda. El derecho a la autoimposición de tributos fue insertado con justicia en el «gran tratado»; pero habría sido letra muerta de no ser por la fuerza armada y la organización aristocrática que obligaron al rey a hacer un tratado; fue un resultado, no una base; un ejemplo, no una causa.
Las guerras civiles de muchos años exterminaron a los antiguos consejos (si se me permite decirlo): es decir, destruyeron tres partes de la gran nobleza, que era su miembro más potente, fatigaron a la pequeña nobleza y a la aristocracia menor, y derrocaron la organización aristocrática sobre la cual se había basando toda resistencia efectiva previa al soberano.
El segundo periodo de la Constitución británica comienza con la ascensión de la Casa de Tudor y llega hasta 1688; es, en esencia, la historia del crecimiento, desarrollo y supremacía gradualmente adquirida del nuevo gran consejo. No tengo espacio ni ocasión para narrar de nuevo la conocida historia de los muchos pasos por los cuales el Parlamento servil de Enrique VIII se convirtió en el Parlamento murmurador de la reina Isabel, el Parlamento rebelde de Jacobo I y el Parlamento insurrecto de Carlos I. Los pasos fueron muchos, pero la energía fue una sola: el crecimiento de la clase media inglesa, usando esa palabra en su sentido más inclusivo, y su animación bajo la influencia del protestantismo. Nadie, creo, puede dudar de que lord Macaulay tiene razón al decir que las causas políticas por sí solas no habrían provocado entonces tal resistencia al soberano de no haber sido impulsadas por la teoría religiosa. Por supuesto, el pueblo inglés fue y vino del catolicismo