Dicha Constitución se concibe como el uso mejor imaginable de los elementos políticos que la gran mayoría de los Estados en la Europa moderna heredaron del período medieval. Se cree que a partir de estos materiales no se puede hacer nada mejor que la Constitución inglesa; pero también se cree que las partes esenciales de la Constitución inglesa no pueden hacerse excepto a partir de estos materiales.
Ahora bien, estos elementos son los accidentes de un período y de una región; pertenecen únicamente a uno o dos siglos de la historia humana, y a unos pocos países.
Los Estados Unidos no podrían haberse vuelto monárquicos, ni aunque la Convención Constitucional lo hubiera decretado, ni aunque los Estados componentes lo hubieran ratificado.
La reverencia mística, la lealtad religiosa, que son esenciales para una verdadera monarquía, son sentimientos imaginativos que ninguna legislatura puede fabricar en pueblo alguno.
Estos sentimientos semifiliales en el Gobierno se heredan al igual que los verdaderos sentimientos filiales en la vida ordinaria.
Da lo mismo adoptar a un padre que instaurar una monarquía: el sentimiento especial propio de lo uno es tan incapaz de creación voluntaria como el afecto peculiar propio de lo otro.
Si la parte práctica de la Constitución inglesa solo pudiera explicarse mediante una curiosa acumulación de materiales medievales, su interés sería en parte histórico, y su imitabilidad, muy limitada.
Nadie puede acercarse a la comprensión de las instituciones inglesas, ni de otras que, al ser fruto de muchos siglos, ejercen un amplio dominio sobre poblaciones heterogéneas, a menos que las divida en dos clases. En