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nydus/The English ConstitutionPublic
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I. El Gabinete

obligado a combatir al legislativo; y con mucha probabilidad luchan así hasta el final de sus respectivos mandatos. Existe, en verdad, una situación en la que esta descripción, aunque sigue siendo aproximadamente cierta, no lo es, sin embargo, de manera exacta: aquella en la que no hay nada por qué luchar. Antes de la rebelión en América, debido a la enorme distancia respecto a otros Estados y a la favorable situación económica del país, había muy pocos objetos de disputa considerables; pero si ese gobierno hubiera sido puesto a prueba por la legislación inglesa de los últimos treinta años, la acción discordante de ambos poderes, cuya cooperación constante es esencial para el mejor gobierno, se habría manifestado de forma mucho más evidente.

Tampoco es este el peor de los males.

El gobierno de gabinete educa a la nación; el presidencial no la educa y puede corromperla. Se ha dicho que Inglaterra inventó la frase «la Oposición de Su Majestad», que fue el primer gobierno que hizo de la crítica de la administración una parte de la política tan propia como la administración misma.

Esta oposición crítica es la consecuencia del gobierno de gabinete.

El gran escenario del debate, el gran motor de la instrucción popular y de la controversia política, es la asamblea legislativa. Un discurso pronunciado allí por un estadista eminente, un movimiento de partido realizado por una gran combinación política, son los mejores medios conocidos hasta ahora para despertar, vivificar y enseñar a un pueblo. El sistema de gabinete garantiza tales debates, pues los convierte en el medio mediante el cual los estadistas se dan a conocer para futuros gobiernos y se reconfirman en los presentes. Saca a la palestra a hombres ávidos de hablar y les brinda ocasiones para hacerlo.

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