se habría unido al proyectado Gobierno de lord John Russell si lord Palmerston iba a ser secretario de Asuntos Exteriores; lord Palmerston quería ser secretario de Asuntos Exteriores, y así el Gobierno no se formó. Los casos en los que una sola negativa impide un Gobierno son raros, y debe haber muchas circunstancias concurrentes para que sea efectiva. Pero los casos en los que las negativas perjudican o arruinan a un Gobierno son muy comunes. Casi nunca sucede que el creador del ministerio pueda colocar en sus cargos exactamente a quien le gustaría; un número de cargos políticos son siempre demasiado orgullosos, demasiado impacientes o demasiado obstinados como para ir justo a donde
Una vez más, este sistema no solo vuelve ignorantes a los nuevos ministros, sino que mantiene indiferentes a los actuales.
Un hombre no puede sentir el mismo interés que podría tener en su trabajo si sabe que, por acontecimientos sobre los que no tiene control, por errores en los que no ha tenido parte, por metamorfosis de opinión que pertenecen a una secuencia diferente de fenómenos, es posible que tenga que dejar ese trabajo a medias y que muy probablemente nunca regrese a él.
El hombre nuevo asignado a un nuevo cargo debería tener el mejor motivo para aprender su tarea a fondo, pero, de hecho, en Inglaterra, no tiene en absoluto el mejor motivo. La última ola de partido y política lo trajo hasta allí; la siguiente puede llevárselo.
Los hombres jóvenes y entusiastas toman, aun con esta desventaja, un vivo interés por el trabajo ministerial, pero la mayoría de los hombres, especialmente los ancianos, apenas lo hacen. A menudo puede verse a un ministro curtido pensar mucho más en las vicisitudes que lo hacen y lo deshacen, que en cualquier asunto de su ministerio.
Por último, un cambio repentino de ministros puede provocar fácilmente un cambio nefasto en la política. En muchos asuntos de