su puesto, apenas puede conservar su vida, a menos que lo sea. Está destinado a ser activo, porque sabe que su poder, y tal vez su cabeza, pueden perderse si se muestra negligente. Todo el armazón de su Estado se halla tenso para reprimir la revolución. El más difícil de todos los problemas políticos ha de ser resuelto: el pueblo debe ser, al mismo tiempo, plenamente refrenado y plenamente complacido. El ejecutivo debe ser como una cota de malla de la Edad Media: extremadamente dura y extremadamente flexible. Debe ceder ante las novedades atractivas que no hacen daño; debe resistir aquellas que son peligrosas; debe mantener las cosas viejas que son buenas y adecuadas; debe alterar aquellas que oprimen y causan dolor. El dictador no se atreve a nombrar a un mal ministro aunque quisiera. Admito que semejante déspota es un mejor selector de administradores que un Parlamento; que sabrá mezclar mejor las mentes nuevas y las mentes gastadas; que le mueve un incentivo más fuerte para combinarlas bien; que aquí puede verse al mejor de todos los electores con los motivos más agudos para elegir. Pero no necesito demostrar en Inglaterra que la selección revolucionaria de gobernantes obtiene eficiencia administrativa a un precio que supera por completo su valor; que convulsiona el crédito con sus catástrofes; que por intervalos no protege la propiedad ni la vida; que mantiene un sotobosque de miedo en medio de toda la prosperidad; que pueden pasar años hasta encontrar al verdadero déspota capaz; que los interregnos de los incapaces están llenos de todo mal; que el déspota apto puede morir tan pronto como es hallado; que la buena administración y todo lo demás penden del hilo de su vida.
Pero si, con la excepción de este terrible Gobierno revolucionario, un gobierno parlamentario en principio supera a todos sus competidores en eficiencia administrativa, ¿por qué es que nuestro Gobierno inglés, que es incomparablemente el mejor de los gobiernos parlamentarios, no es célebre en todo el mundo por su eficiencia administrativa?
Es célebre por muchas cosas, ¿por qué no lo es por esa? ¿Por qué, según la creencia popular, se caracteriza más bien por todo lo contrario?