son así y así, piénsese o imagínese lo que se quiera de ellos». Solíamos decir antes de la guerra civil que los estadounidenses adoraban al dios dinero; ahora sabemos que pueden esparcir dinero casi imprudentemente cuando quieren. Pero lo que queríamos decir era medio cierto: adoran el valor visible: el resultado obvio, innegable e intrusivo. Y en Australia y Nueva Zelanda sale a relucir la misma inclinación. Surge de la lucha contra la naturaleza virgen. La dificultad física es la enemiga de las comunidades primitivas, y un conflicto incesante con ella durante generaciones deja una marca de realidad en la mente —una marca casi dolorosa para nosotros, acostumbrados a los miedos impalpables y a los peligros medio fantasiosos de una sociedad vieja y compleja—. Las «nuevas Inglaterras» de todas las latitudes están desnudas de mente (si se me permite decirlo) en comparación con la «vieja».
Cuando, por lo tanto, las nuevas comunidades del mundo colonizado tienen que elegir un gobierno, deben elegir uno en el que todas las