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nydus/The English ConstitutionPublic
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IV. La Cámara de los Comunes

La clave de las dificultades de la mayoría de las cuestiones debatidas y no resueltas se encuentra comúnmente en sus partes no debatidas: son como el fondo de un cuadro, que parece obvio, fácil, exactamente lo que cualquiera podría haber pintado, pero que, de hecho, coloca a las figuras en su posición correcta, las modera y las hace ser lo que son. Nadie comprenderá el gobierno parlamentario si se imagina que es algo fácil, algo natural, algo que no necesita explicación. No se tiene una percepción de los primeros elementos en este asunto hasta que se sabe que el gobierno por asamblea es una maravilla permanente.

Ha habido recientemente una excelente ilustración de cuán indefensos se hallan muchos caballeros ingleses cuando se les convoca de repente.

El Gobierno, con razón o sin ella, creyó conveniente encomendar a las sesiones plenarias de cada condado el deber de combatir la peste bovina, pero el panorama en la mayoría de las «salas de los condados» fue insatisfactorio.

Hubo grandísimas dificultades para tomar no ya una decisión acertada, sino cualquier decisión. Yo mismo presencié una que discurrió así. El presidente propuso una resolución muy compleja, en la cual había mucho que a todos gustaba y mucho que a todos desagradaba, aunque, por supuesto, las partes favoritas de unos eran las objetables para otros. Esta resolución quedó, por decirlo así, atascada en la reunión; todo el mundo sugirió enmiendas; se aprobó una enmienda con la que nadie quedó satisfecho, y así quedó el asunto en el aire.

Es un dicho en Inglaterra que «una gran reunión nunca hace nada»; y, sin embargo, nos gobierna la Cámara de los Comunes⁠—es decir, «una gran reunión».

Se puede decir que la Cámara de los Comunes no gobierna, sino que se limita a elegir a los gobernantes. Pero debe de haber algo especial en ella

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