Toda la fuerza de esto no puede apreciarse a menos que se remita a la prueba anterior de que la masa de un Parlamento debe estar compuesta por hombres de sentimientos moderados, o elegirán un Ministerio desmedido y promulgarán leyes violentas. Pero, según el plan sugerido, la Cámara estaría formada por políticos de partido seleccionados por un comité partidista, encadenados a ese comité y comprometidos con la violencia partidista, y por representantes característicos, y por lo tanto desmedidos, de cada «ismo» de toda Inglaterra. En lugar de una asamblea deliberativa de hombres moderados y juiciosos, tendríamos un compuesto heterogéneo de todo tipo de violencias.
Quizá parezca que estoy trazando una caricatura, pero aún no he llegado a lo peor. Por malos que fueran estos diputados si se les dejara a su aire —si, en un Parlamento libre, tuvieran que enfrentarse a los peligros del gobierno—, una estrecha responsabilidad podría mejorarlos y hacerlos tolerables. Pero no se les dejaría a su aire. Un cuerpo electoral voluntario será casi siempre un cuerpo electoral despótico. Aun en el mejor de los casos, en el que un grupo de hombres