Pero por fuerte que sea nuestra ignorancia en el deterioro de nuestra administración, otra causa es aún más fuerte.
Probablemente no hay más que dos administraciones extranjeras mejores que la nuestra, y ambas han tenido algo que nosotros no hemos tenido. Las de ambos casos fueron organizadas por un hombre de genio, tras una cuidadosa premeditación y con un diseño especial.
- Napoleón edificó sobre un terreno despejado que le legó la Revolución francesa. La originalidad que antaño se atribuyó a su edificio era, en verdad, falsa; Tocqueville y Lavergne han demostrado que no hizo sino levantar una estructura ostentosa a imitación de otra latente, oculta hasta entonces por las complejidades medievales del Antiguo Régimen. Pero de lo que nos ocupamos ahora no es de la originalidad de Napoleón, sino de su obra. Sin duda, estableció la administración de Francia sobre un sistema eficaz, coherente y duradero; los gobiernos sucesivos no han hecho más que hacer funcionar el mecanismo que heredaron de él.
- Federico el Grande hizo lo propio en la nueva monarquía de Prusia.
Tanto el sistema francés como el prusiano son máquinas nuevas, fabricadas en tiempos civilizados para realizar su labor correspondiente.