La prerrogativa del rey no contaba con un partido fuerte que la respaldara; a los tories, que por naturaleza la habrían apoyado, les desagradaba el rey en turno; y a los whigs, de acuerdo con sus principios, les desagradaba el cargo del rey. Hasta la ascensión de Jorge III, los opositores más enérgicos de la Corona fueron los caballeros rurales, sus amigos naturales, y los representantes de los tranquilos distritos campestres, donde la lealtad suele hallarse, si es que se halla en alguna parte.
Pero tras la coronación de Jorge III, el sentimiento común volvió al mismo punto que en la época de la reina Ana. Los ingleses estaban dispuestos a tomar al nuevo y joven príncipe como el comienzo de una línea sagrada de soberanos, tal como habían estado dispuestos a aceptar a una anciana que era la prima segunda de su tatarabuela. Así ocurre ahora. Si le preguntas a la inmensa mayoría de los súbditos