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nydus/The English ConstitutionPublic
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III. La Cámara de los Lores

Estos graves defectos se habrían visto reducidos de inmediato, y con el paso de los años casi borrados, si la Cámara de los Lores no se hubiera opuesto a la propuesta del primer Gobierno de Lord Palmerston de crear pares vitalicios. El expediente era casi perfecto. La dificultad de reformar una vieja institución como la Cámara de los Lores es necesariamente grande; su posibilidad descansa en una casta continua y en una antigua deferencia. Y si uno empieza a agitarse al respecto, a vocear en mítines al respecto, esa deferencia desaparece, su encanto particular se pierde, su santidad reservada se desvanece. Pero, por una extraña fatalidad, existía en los recovecos de la Constitución una antigua prerrogativa que habría hecho innecesaria la agitación —que habría logrado, sin agitación, todo lo que la agitación podría haber logrado—. Lord Palmerston era —ahora que ha muerto, y su memoria puede contemplarse con calma— un amigo de la aristocracia tan firme, un aristócrata tan cabal, como cualquiera en Inglaterra; aun así, propuso utilizar ese poder. Si la Cámara de los Lores hubiera estado todavía bajo el liderazgo del duque de Wellington, tal vez habrían dado su aquiescencia. Ciertamente, el duque no habría reflexionado sobre todas las

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