esencialmente moderados, sin variedades pronunciadas, libres de prejuicios de clase, este Parlamento ultrademocrático no podría sostener tal gobierno, pues sus miembros se destacarían por dos tipos de violencia moral y un tipo de violencia inmoral.
No considero ni por un momento que el proyecto del señor Hare esté al nivel del de los ultrademócratas. Es difícil no sentir cierta fascinación romántica hacia él. El mundo parece volverse joven cuando serios ancianos abogados y maduros filósofos proponen un plan que promete tanto.
Es de estas clases de donde los jóvenes suelen sufrir la fría demostración de que sus buenos planes chocan contra obstáculos arraigados, de que son repeticiones de otros planes que fracasaron hace mucho y de que debemos conformarnos con los muy moderados resultados de la maquinaria probada.
Pero el señor Hare y el señor Mill ofrecen, como efecto de su nuevo plan, resultados tan vastos y mejoras tan interesantes como los que un joven entusiasta se haya prometido jamás en su estado de ánimo más dichoso.