serios elige a un diputado para exponer su seriedad, vigilarán de cerca que, en efecto, la exponga. Los diputados se parecerán al ministro de una congregación disidente. Dicha congregación se reúne por una unidad de sentimiento en la doctrina A, y el predicador ha de predicar la doctrina A; si no lo hace, es despedido. En la actualidad, el diputado es libre porque el cuerpo electoral no es serio; ningún cuerpo electoral posee un credo doctrinal político agudo y preciso. La ley creó los cuerpos electorales mediante divisiones geográficas, y estos no están unidos por un estrecho vínculo de creencias. Tienen preferencias vagas por determinadas doctrinas, y eso es todo. Pero un cuerpo electoral voluntario sería una iglesia con dogmas; convertiría a su representante en el mensajero de sus mandatos y en el delegado de sus determinaciones. Tal como ocurre en el caso de una congregación disidente, donde un gran ministro a veces la gobierna, mientras que noventa y nueve de cada cien ministros son gobernados por ella, así aquí un hombre célebre gobernaría a sus electores, pero los electores gobernarían a todos los demás.
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IV. La Cámara de los Comunes
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