que ciertamente poseen tierras y, si Dios ayuda, títulos. Los hombres que estudian la estructura del Parlamento, no en libros abstractos, sino en el mundo concreto de Londres, no se extrañan de que los intereses agrarios sean muy poderosos, sino de que no sean despóticos. Creo que serían despóticos si fueran inteligentes, o más bien si sus representantes lo fueran, pero tienen un artilugio fijo para volverlos estúpidos. Los condados no solo eligen terratenientes, lo cual es natural y tal vez prudente, sino que también eligen únicamente a terratenientes de su propio condado, lo cual es absurdo. No hay libre mercado en la mente agrícola; cada condado prohíbe la importación de hombres capaces procedentes de otros condados. Esta es la razón por la cual los escépticos elocuentes —Bolingbroke y Disraeli— han sido tan propensos a liderar a los tories poco escépticos. Quieren personas con una gran porción de tierra en un lugar determinado y, por supuesto, estas personas por lo general no saben hablar y a menudo ni siquiera pensar. Y así, hombres elocuentes que se ríen del partido terminan por liderar el partido. Los intereses agrarios tienen mucha más influencia de la que deberían; pero desperdician tanto esa influencia que el exceso resulta, salvo en ocasiones singulares (como la peste bovina), de importancia secundaria.
Es casi otra cara de la misma cuestión decir que la estructura del Parlamento concede demasiado poco peso a los distritos en crecimiento del país y demasiado a los estancados. En los viejos tiempos, el sur de Inglaterra no era solo la parte más agradable, sino también la más importante de Inglaterra. Devonshire era un gran condado marítimo cuando se establecieron los cimientos de nuestra representación; Somersetshire y Wiltshire, grandes condados manufactureros. El clima más duro de los condados septentrionales se asociaba con un pueblo más rudo, áspero y disperso. La inmensa preponderancia que nuestro Parlamento concedía antes de 1832 —y que, aunque recortada y mitigada, aún concede— a la Inglaterra al sur del río Trent, se correspondía entonces con una preponderancia real en riqueza e inteligencia. Cuán opuesto es el contraste actual lo sabemos todos. Y la