Esta larga y curiosa historia ha dejado su huella en casi todas las partes de nuestra actual condición política; sus efectos yacen en la raíz de muchas de nuestras controversias más importantes; y debido a que estos efectos no se perciben correctamente, muchas de estas controversias se malinterpretan.
Una de las peculiaridades más curiosas del pueblo inglés es su animadversión hacia el gobierno ejecutivo. No somos a este respecto “ un vrai peuple moderne ”, como los estadounidenses. Los estadounidenses conciben el ejecutivo como uno de sus agentes designados; cuando este interviene en la vida ordinaria, lo hace, a su juicio, en virtud del mandato del pueblo soberano, y no hay invasión ni dejación de la libertad en que ese pueblo interfiera consigo mismo. Los franceses, los suizos y todas las naciones que respiran el pleno ambiente del siglo XIX piensan también así. Las necesidades materiales de esta época exigen un ejecutivo fuerte; una nación carente de él no puede ser limpia, ni sana, ni vigorosa como una nación que lo posee. Por definición,