vuestra Cámara como queramos, o no los usaréis en absoluto. Encontraremos a otros para que los usen; vuestra virtud se extinguirá si no se utiliza como nos gusta, y se detendrá cuando nos plazca». Una asamblea bajo semejante amenaza no puede frenar, y no pudo haber tenido la intención de frenar, a un ejecutivo resuelto e insistente.
De hecho, la Cámara de los Lores, en tanto que Cámara, no es un baluarte que impedirá la revolución, sino un indicador de que la revolución es improbable.
Dado que se apoya en la vieja deferencia y en el homenaje inveterado, demuestra que el espasmo de las nuevas fuerzas, el estallido de las nuevas agencias, a lo que llamamos revolución, es por el momento sencillamente imposible.
Mientras muchas hojas viejas persistan en los árboles de noviembre, sabréis que ha habido poca helada y nada de viento; del mismo modo, mientras la Cámara de los Lores conserve gran parte de su poder, podréis saber que no hay un descontento desesperado en el país, ni ninguna agencia violenta capaz de provocar una gran demolición.