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nydus/The English ConstitutionPublic
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VII. Los prerrequisitos del gobierno de gabinete

fundamental, heredado del pasado para ser transmitido al futuro. El Parlamento inglés, cuyas funciones prominentes son hoy legislativas, no fue siempre así en absoluto. Era más bien un órgano preservativo. La costumbre del reino —la ley aborigen transmitida—, la ley que estaba en el pecho de los jueces, no podía alterarse sin el consentimiento del Parlamento, y por ello todo el mundo tenía la seguridad de que no se alteraría salvo en casos graves, peculiares y anómalos. La utilidad valorada del Parlamento no consistía ni con mucho en alterar la ley, sino en impedir que las leyes fueran alteradas. Y tal era también su utilidad real. En las sociedades primitivas importa mucho más que la ley sea fija a que sea buena. Cualquier ley que el pueblo de épocas ignorantes promulgue conlleva sin duda muchos equívocos y causa muchos males. La perfección en la legislación no ha de buscarse, ni es, en verdad, muy necesaria en una vida rudimentaria, dolorosa y limitada. Pero una época así codicia la fijeza. Que los hombres disfruten de los frutos de su trabajo, que la ley de la propiedad sea conocida, que la ley del matrimonio sea conocida, que todo el curso de la vida se mantenga en un cauce calculable es el summum bonum de las primeras edades, el primer deseo de la humanidad semicivilizada. En esa época los hombres no quieren que sus leyes se adapten, sino que sus leyes sean firmes. Las pasiones son tan poderosas, la fuerza tan impetuosa, el vínculo social tan débil, que el augusto espectáculo de una ley casi inalterable es necesario para preservar la sociedad. En las primeras etapas de la sociedad humana todo cambio es considerado un mal. Y la mayor parte de los cambios son un mal. Las condiciones de la vida son tan simples y tan invariables que cualquier clase decente de normas basta con tal de que los hombres sepan cuáles son. La costumbre es el primer freno a la tiranía; esa rutina fija de la vida social que las innovaciones modernas irritan y por la cual el progreso moderno se ve impedido, es el freno primitivo al poder vil. La percepción de la conveniencia política apenas ha comenzado entonces; el sentido de la justicia abstracta es débil y vago; y una adhesión rígida al molde fijo del uso transmitido es esencial para una vida intacta, inmaculada e ininterrumpida.

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