cuestión de tanta importancia. Después apoyé las medidas del Gobierno y protegí al servidor del Gobierno, el capitán Elliot, en China. Todo lo cual tendió a debilitar mi influencia entre algunos miembros del partido; otros, posiblemente una mayoría, habrán aprobado el rumbo que tomé. Al mismo tiempo era bien sabido que, desde el comienzo al menos del Gobierno de lord Melbourne, estuve en constante comunicación con él sobre todos los asuntos militares, ya ocurrieran en el país o en el extranjero, en cualquier caso. Pero también sobre muchos otros. > “Todo esto tendió por supuesto a disminuir mi influencia en el partido conservador, a la vez que tendía fundamentalmente a la tranquilidad y satisfacción de la soberana, y al mantenimiento del buen orden. Por fin llegó la dimisión del Gobierno por parte de sir Robert Peel, en el mes de diciembre pasado, y el deseo de la Reina de que lord John Russell formara una administración. El 12 de diciembre la Reina me escribió la carta de la cual os adjunto copia, así como la copia de mi respuesta de la misma fecha; de las cuales parece que nunca habéis visto copias, a pesar de que se las comuniqué inmediatamente a sir Robert Peel. Me era imposible obrar de otro modo que el indicado en mi carta a la Reina. Soy servidor de la Corona y del pueblo. Se me ha pagado y recompensado, y me considero retenido; y no puedo hacer otra cosa que servir según se me requiera, cuando puedo hacerlo sin deshonor, es decir, mientras tenga salud y fuerzas para permitirme servir. Pero es obvio que hay, y debe haber, un fin a toda conexión y consejo entre el partido y yo. Podría haber declinado con coherencia, y algunos pueden pensar que debería haber declinado, pertenecer
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III. La Cámara de los Lores
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